26
Nov

Dios mío dame paciencia…

Dios mío dame paciencia porque como me des fuerza le arranco la cabeza!

Eso eso lo que cada mañana cuando salgo de casa para ir al curro pienso, al estar sumergido en una multitud de coches conducidos por seres parecidos a mi. Dormidos, puteados por tener que madrugar, con ningunas ganas de ir a currar, odiando al resto de conductores y esperando tener la mínima excusa para tirarse a la yugular del primero que ose cruzarse en su camino.

Y es que todas las mañanas es lo mismo. Da igual que salgas mas temprano, al final siempre acabas tardando una hora en recorrer unos escasos 20 kilómetros. Y por muy paciente que seas, eso al final acaba afectando a tu sistema nervioso. Lo cual no puede acabar de otra forma, que intentando putear al resto.
Si el del carril de al lado tuyo pone el intermitente para cambiarse al tuyo, lo tomas como una provocación y acto seguido aceleras para impedírselo.
Si pasas por junto a un carril de incorporación, ahí no pasa ni Dios! A ti se te va a colar alguien!… Faltaría más.
Y si en alguna de esas maniobras a alguno de los que han sido objeto de tus diabluras al volante se le ocurre pitarte o hacer el mas mínimo gesto despectivo hacia tu persona o hacia algún familiar tuyo, en su defecto. No te queda otro remedio que pitarle con todas tus fuerzas, como si la vida te fuese en ello y acompañarlo con un bonito saludo consistente en sacar el brazo por la ventanilla, da igual que fuera estés a 20 grados bajo cero, y hacerle el bonito gesto con el puño cerrado y el dedo corazón apuntando a la meca.
Y es después de todo este suplicio cuando llegas al trabajo con un humor de perros y dispuesto a saltarle al cuello al primero que te diga una palabra mas alta que otra.

Por cierto… que suerte estar de vacaciones y no tener que pasar por estas bonitas y gratificantes situaciones matinales ;)
Ala que os sea leve el lunes y empecéis bien la semana! :D

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