28
May

Tu vida puede cambiar en un segundo

Tu vida transcurre plácidamente teniendo como mayor problema el que haya el enésimo parón en Lost y tengas que esperar para ver el siguiente capitulo.

Eres un tío afortunado y gozas de salud, amor, felicidad, dinero… Vamos todo lo que puedes soñar. Pero un día, mientras estas haciendo cualquier labor cuotidiana de la vida y cuando menos te lo esperas, te empieza a invadir un mal estar, un desasosiego, un dolor punzante que va a más, justo en barriga.

Piensas que será algo pasajero, que se irá en breve y que como mucho soltando alguna ventosidad ese dolor desaparecerá y podrás volver a tu feliz existencia. Pero lejos de abandonarte, el dolor se incrementa por momentos y empiezas a preocuparte.

En ese momento tus prioridades cambian, dejas todo lo que estabas haciendo, sea lo que sea, y tu único objetivo es llegar a un baño con la mayor brevedad posible y sin tener sorpresas desagradables por el camino. Si tienes suerte y eso te pasa en casa o en un bar, o en cualquier sitio con un baño cerca, la cosa no llega a mayores. Pero si por lo contrario, no estás cerca de ningun servicio, la cosa se vuelve dramática por momentos.

Te invade un sudor frio y el dolor por momentos te da una tregua y parece que va a abandonarte, pero a los pocos segundos vuelve con mas fuerza y tu lo único que puedes hacer es intentar apretar para retener el mayor tiempo posible lo que tarde o temprano será inevitable que abandone tu organismo.

Si vas en coche intentando llegar a casa y soñando con tu lavabo, el tiempo pasa lentamente y ves tu vida pasar delante de tus ojos por momentos. Los semáforos se vuelven trampas mortales de duración eterna y temes que no vas a poder soportarlo más y vas a tener un desagradable y asqueroso percance como no consigas llegar YA a casa.

Por fin llegas a tu calle y piensas en dejar el coche en cualquier sitio, cual atracador de bancos, sin aparcarlo porque esos pocos segundos pueden ser los que te separen de la gloria o del fracaso. Pero por suerte el dolor te ha dado una tregua y puedes dedicarte a dejar bien aparcado el coche, para abandonarlo a la velocidad del rayo y encaminarte hacia tu portal.

Subes las escaleras como si te persiguiera el demonio, sin prácticamente pisar el suelo y apretando el culo de tal forma que podrías partir nueces sin ninguna dificultad. Por fin y después de haber pasado uno de los peores momentos de tu vida, llegas al campamento base y consigues deshacerte de ese dolor que desde hace un rato te estaba amargando la existencia.

Al final has llegado con la integridad intacta y sin tener que llevar ni la ropa ni el coche a un crematorio, por lo que estas aliviado y vuelves a tener una vida llena y disfrutar de la suerte que tienes por no tener mayores problemas que un apretón inesperado.

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